En condiciones de igualdad o de mezquindad, el horizonte y la utopÃa han representado formas humanas de incluirse en un futuro diferente, que usualmente se lleva con apocalipsis o mesianismo.
La idea de un constante preguntar por nuestras maneras de relacionarnos con la realidad y los modos de convocar los tiempos que se constituyan en paisajes posibles, no se puede suspender al primer esfuerzo.
En principio, entender la realidad desde el contexto exige no apartarse del medio: esto, para poder pensar en la construcción de posibilidades sociales en un presente que constituya un devenir en positivo, pero insertado en lo posible.
Siempre estaremos en movilidades que van desde la llenura al vacÃo; preferimos la primera al riesgo de no estar en posesión de algo. El horizonte es vacÃo, es potencia, utopÃa y, claro, distopÃa.